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Relatos humorísticos de Manuel Guisande

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Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Lun 10 Jun 2013, 10:58 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Cuando ves que no tienes tanto mundo . Autor: Manuel Guisande
Ya puedes viajar lo que quieras que cuando menos te lo esperes vivirás «el momento pailán*». A mí me sucedió en Estados Unidos, en una localidad que se llama Bear Creek, en Texas, en la casa de mi amigo Kevin. La vivienda era la típica de esas que se ven en televisión: el garaje a la derecha, la entrada a la izquierda y un terrenito de unos 60 metros cuadrados frente al inmueble.

En la primera planta las habitaciones y en la parte de abajo un inmenso salón con su cocina, una barra americana y todos los electrodomésticos que uno pueda imaginar y que se podían utilizar con un mando. Para que no faltara nada, en la parte trasera, que no se ve en televisión, hay un campito donde suelen instalar una pequeña piscina y una canasta de baloncesto con los colores de la bandera americana por si quieres hacer un triple o un aliup. O sea, la felicidad total.

Como en la casa no se podía fumar, la solución era salir a fuera, echarse uno o dos cigarrillos y volver a entrar. La verdad es que no los saboreas mucho, pero… algo es algo. Así más o menos fui tirando la mañana del primer día de mi estancia en USA, entrando y saliendo de la vivienda para nicotinarme.

Todo estaba perfecto hasta que a las doce de la noche, cuando mi amigo ya estaba dormido, decidí fumar un pitillo. Así que bajé despacito, sin hacer el mínimo de ruido con la intención de salir fuera para no dejar rastro alguno de humo. En puntillas me acerqué a la puerta y al abrirla ¡¡¡¡Noooo!!!. Comenzó a sonar una estruendosa alarma. Ni que decir tiene que mi amigo bajó a toda velocidad y me encontró en calzoncillos, en camiseta y con un paquete y un mechero en la mano, simplemente, penoso. Desconectó la alarma y me explicó lo que tenía que hacer para que no funcionase si quería fumar. Abrió una caja que estaba oculta en una pared y me empezó a decir qué botones debía pulsar y, al segundo, le dije: «Déjalo, no fumo», a la vez que pensaba que aquello era más complicado que el manual de la BlacBerry, que son 278 páginas.

Al día siguiente, al levantarme, me encontré solo en casa ya que mi amigo había ido a trabajar y no volvía hasta las siete de la tarde. Desayuné y cuando iba directo a la calle a echar un cigarrillo pensé: «¿Y si salgo y la puerta se cierra automáticamente, porque aquí todo es automático, y no puedo después entrar?». Y también al momento cavilé: «¿Y si mi amigo tiene un sistema que si abro la puerta suena la alarma y, como es el primer día que estoy aquí, se olvidó desconectarla?».

Y como el asunto iba in crescendo me cuestioné: «¿Y si suena la alarma y como no sé desconectarla vienen los vecinos, y como no sé inglés y estos están armados hasta los dientes y creen que soy un ladrón me fríen a tiros?». Estaba ya en total paranoia cuando me dije: «Abro la puerta y que sea lo que Dios quiera, pero yo fumo con o sin alarma». Me armé de valor, me acerqué a la puerta, agarré la manilla, abrí rápidamente y…. no sonó la alarma.

Pensaba que todo había pasado cuando entonces me asaltó otra duda existencial mientras encendía el cigarrillo y con un pie sujetaba la puerta abierta: «¿Y si ahora la cierro y mi amigo tiene un sistema que no se puede abrir tras cerrarla o tiene una alarma que previamente hay que desconectar siempre que se entra en el día por primera vez?». Así que estirándome como pude cogí una maceta que había cerca y la puse entre la puerta y la entrada y así quedó hasta las siete de la tarde. Cuando llegó Kevin le expliqué lo sucedido. No me llamó pailán, porque no sabe lo que significa, pero seguro que sí hick, que más o menos es lo mismo.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:08 am

Al personal le gusta amargarse, me da que sí

A mí me da que a la gente le encanta amargarse…. noto yo un algo como que eso de pasarlo mal le mola, como que encuentra un placer, una especie de éxtasis, y que no se pega latigazos en la calle porque se nota que si no… media España ensangrentá.

Yo no digo que no haya cosas por las que preocuparse (dos o tres, no creas que muchas más), pero el personal está de un trascendental, de un ya no puedo vivir, de un me flagelan o me autogflagelo, de un me matan o me mato… lo que hay que aguantar…

Una separación

Tú vas por la calle, hablas con alguien y de repente te dice: «Tengo un disgustooooo… », y piensas: «Sabe Dios, sabe Dios lo que me cuenta este, ¡¡¡¡sabe Diossssss!!!» Y cuando ya estás así con los ojos que te salen, y con el corazón como el yo-yo, que rebota en el suelo y vuelve a su sitio, te suelta. «Pues que mi hija y Fulanito… se dejaron».

Y entonces se produce algo curioso que llevo años investigando. Tras la frase, hace así como una pausa de unas milésimas de segundo, como una especie de que el mundo se ha detenido… y es oír el eco de lo que ha dicho cuando justo, pero justo en esa milimilimilésima de segundo te dan unas ganas de darle un par de bofetadas, pero un par… ¿y eso es un problema? ¡¡¡¡Pero por Diosssssss!!!!, ¿¡¡¡¡eso es un problemaaaaa!!!!?

Pues mira que no hay fulanitos en el mundo, pues mira que entre más de 6.000 millones que somos no habrá fulanitos y fulanitos, menganitos y menganitos y zutanitos y zutanitos; pero claro, como tu fulanito es el único hombre que existe en el mundo… ¡¡¡¡vete a tomar viento hombre, vete a tomar viento!!!!.

«Mi querido Antonio»

Sigues caminando por la calle, porque si pudieras levitar la harías y volar ya ni te cuento, y otro u otra que no puede olvidar «a mi querido Antonio». ¿Tu querido Antonio, tu querido Antonio?; pero como podías querer a tu querido Antonio de los miolos, que era un mamón, que nunca pudimos ir al campo… ni en COU, joé, ¡¡¡ni en COU, con 17 añossss pudimos ir al campooooo!!!! y todo «porque a mí los bichos siempre me pican».

Si supieras lo felices que somos todos sin cruzarnos con el petardo ese… anda neniña espabila que la vida no se acaba en «mi querido Antonio», que aún vas a encontrar a «mi querido Juan», a «mi querido Luis» o a «mi querido Gunter Hoffman» y no vas a saber donde elegir. «Tu querido Antonio… », ganas de perder el tiempo.

La hipoteca y el paro

Y tres pasos más, y otro que con esto de las hipotecas «tengo que dejar el chalé e ir a un piso… » Y… y… pues tío vete a un piso, vete y da gracias, que hay quien no tiene ni una p*** uralita para poner sobre la cabeza, hombre. Joé con el chalé, si nunca soñaste ni tener una chabola, ¡¡¡que te conozco desde los trece… !!!

Y como ya lo ves venir, que el personal esta así, pues uno más que te ve, que te para, que en vez de una sonrisa te pone cara de cartón, que como que agacha la cabeza, la ladea, y con voz tristona te dice: «No sé si me echarán del trabajo, no sé… ».

¡¡¡Pero a ver alma de Diosssss!!!! ¿te han echado?, no; pues entonces disfruta y mientras estés piensa en un plan B, C o D, que al final te van a echar pero no por nada, sino porque tío, tu deprimes a todo un departamento entero y contigo no hay quien saque la empresa adelante.

Siniestro total

Y cuando crees que el asunto no puede ir a peor, va, claro que si va, otro: «Nada, que tuve un accidente y el coche, que me costó 50.000 euros… siniestro total, no vale para nada, pero para nada». Y mira por donde, a este sí que lo entiendo, a este lo entiendo perfectamente porque sí que es una desgracia que el coche de los 50.000 pavos haya quedado para el desguace.

Y de verdad que es una pena, porque si para el desguace quedará él… Sin una herida, vivo, sin una enfermedad, con hijos sanos y con el mundo por delante… y atormentado este paspán por un condenado coche… «Mira Guisande que a mí… », qué ¿cerró Cáritas?, pues chao, que voy a dormir la siesta y a mí como si arde Europa. Que al personal le gusta amargarse, a mí me da que sí.

Autor: Manuel Guisande

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:09 am

A mí los madrileños... me matan

Tú no sabes, ni te imaginas la alegría que me da que sea invierno y que no estén en Galicia los madrileños; pero una alegría… y sobre todo una tranquilidad… pero no es porque me caigan mal, todo lo contrario, porque me caen genial y cuando vienen, que siempre es verano, yo es que estoy en un sinvivir.

Ellos son muy diferentes a nosotros. Tú en Madrid entras en una cafetería y a la misma hora, pero a la misma, te encuentras en un salón a unos celebrando una boda; otros una primera comunión; aquel que va de gris viene de un entierro, o ya nació triste, que todo puede ser; y aquel otro con chaqueta y corbata trata de cuadrar mentalmente un albarán. Y en la barra… joé en la barra… unos desayunando, otros comiendo, otro cenando, que si un tentempié… y esto… pues esto no lo entendemos.

Y es que en provincias tenemos como un orden; una especie de manual de convivencia a seguir. Nosotros, todos desayunamos, comemos y cenamos más o menos a la misma hora; nos divorciamos casi a la vez y también casi a la vez nos casamos con las que se divorciaron… pero esta no es la mayor diferencia, no. La que mayor es que ellos no tienen playa y nosotros sí o, como decía mi padre, que era castellano, cuando veía el mar: «No, si a nosotros el agua nos gusta, pero tanta… ».

Y este es el problema: el agua. Y es que en verano, cuando los madrileños llegan Galicia lo primero que preguntan es: «¿Dónde está la playa?» y nosotros los gallegos, que tenemos hecho ya el olfato a mejillón, decimos: «siga por ahí, hacia abajo».

Pero claro, como ellos están medio ofuscados por la TV, por los anuncios de Nivea y por no sé qué de los limones de El Caribe… pues es ver el mar y ¡¡¡hala!!!, a lo bestia, a tirarse a lo loco, y nosotros cuando vemos a unos así (que sabemos que son de Madrid porque aquí en Galicia el agua esta tan fría que no hay Dios que se tire de repente) pues estamos acongojados y lo primero que pensamos es: «A este… a este se lo lleva el mar. Banderita verde banderita verde… bo». Y se lo lleva, vamos que si se lo lleva.

Hombre, no se los lleva a todos; pero que en verano sacamos una docena de madrileños y los ponemos a secar, a desaguar… Y es buena gente oye, y fuerte, que la mayoría no la patea por mucho que hayan estado bajo el agua. No sé será por eso del Metro, acostumbrados a la profundidades… Lo que si sé es que salen temblando y vomitando la última tapa de mejillones, que mira que les hemos dicho que marisco marisco no es pero…

Y aunque ellos no lo saben; así estamos todos los gallegos en verano; como si fuéramos socorristas y en cuanto los ves por la playa o escuchas un «ejque» a tomar viento la tranquilidad, pendientes de ver qué hacen. Buena gente estos de Madrid, buena gente, pero influenciados por la tele están… que no hombre que no, que los mejillones marisco lo que es marisco… no es; a veces son tercos que hasta te dan ganas que se ahoguen; pero se les ve tan así, tan inocentones con su flotas, con los ojos tan abiertos viendo el mar, con sus bermudas… tan riqui… vale, el mejillón es marisco… bo.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:10 am

Ayer perdí toda la vergüenza, pero para lo que me quedaba...


Si algo de vergüenza me quedaba, que ya me parecía a mí que no, ayer, justo ayer, la perdí toda, pero absolutamente toda; y lo peor, que ni me importó. ¿Y donde ocurrió?, pues en Decatlón; sí, en Decatlón, ese megacentro de prendas deportivas.

Si a mí ya al entrar me parecía que la clientela no era como yo, si lo noté nada más pisar las instalaciones. Veía unos tíos con unos pectorales… con unos torsos tableteros y unos bíceps que lo primero que pensé con mis apenas 70 kilillos fue: «Joé, menos mal que existen los Derechos Humanos, que esto llega a ser la selva y caigo ya aquí cuan gacelilla de un zarpazo».

Hasta las mujeres las vi yo como atléticas, y los niños… bueno, bueno, los niños… yo ya no sé si era psicosis, pero como que los notaba fuertes, muy fuertes, tirando a bestias. Yo oía: «¡¡¡Ven Javito!!!!, ¡¡¡ven Javito!!!». Y joé con el Javito. Yo no sé si tendría 5 o 6 años, pero al Javito lo veía como con 26, hecho un cachimán… pero un cachimán el rapaz…que yo no sé si a lo mejor era eso que dicen de obesidad, pero que el Javito (cachimán u obesidad, lo que quieras) me larga una y me baja al parking 3 por esas cuestas semirculares con todo el letrero de DE-CA-TLÓN entre los dientes rebotando en las paredes… fijo.
.
Pues así estaba yo por el megacentro, andando como un parvo, sin rumbo, viendo un no sé qué para fortalecer los músculos, que si aquello para la escalada libre y que si lo otro para alpinismo cuando se me acerca una chica y me dice que si necesito algo, y yo… pues que dudo, pero dudo en decírselo, no en lo que estaba pensando, y como me ve eso, dubitativo, me suelta más o menos algo así como: «Pues aquí tenemos de todo».

Y eso, pues que la ves tan bueniña, tan solícita, tan rquiña, tan… que le digo: «Pues estaba buscando una mantita caliente para la siesta». Y fue decirlo, y a la chica no se le quedaron los ojos así paralizados en plan congelación porque no estábamos en la zona de alpinismo, pero que por la mente se le paso toda la cara norte del Everest pensando en qué se ponen los sherpas cuando duermen en una pared a menos 30 grados… seguro.

Y lo bueniña que fue, que me llevó por no sé cuantos pasillos hasta que me dijo: «Pues esto le puede servir»; es decir, no dijo con convencimiento «esto es lo que quiere», sino que dijo «le puede servir», que sonó así como a indigencia, a un «Caritas esto aún no es pero… », que de verdad, que salí con mi mantita, entre bíceps y tríceps, y con la sensación de que acaba de dejar mi último gramito de vergüenza… joé que si lo dejé, pero ande yo caliente…

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:12 am

¡¡¡Claro...!!!, el gallego es como la música clásica

Mira que andaba yo despistado, pero mucho, porque me preguntaba: ¿Cómo es posible que siendo gallego muchas veces no entienda a los gallegos? Y tras comprobar 1.323 veces que mi DNI pone Santiago de Compostela y no de Chile, me respondía: «A que va a ser que como por parte de padre soy castellano tengo más de la planicie, de Tierra de Campos… » y qué cosas ocurren con esto de las palabras, que fue decir planicie; sí, planicie, y dejé de escribir e inmediatamente como un rayo me fui a ver al espejo y no, no tengo calvicie. Yo que sé, pasan tantas cosas raras cuando escribes… y menos mal que no puse Torrelodones…

Y así estaba, pensando en esto de por qué a veces no entiendo a mis compatriotas, cuando pongo a Debussy y, oye, debió de ser por esa obra de Claro de Luna, pero se me hizo la luz y me di cuenta que el gallego es como la música clásica: al gallego no se le entiende, se le interpreta, y cada uno de nosotros (cuando hablas con uno) pues venimos a ser un von Karajan de la vida… eso, interpretas; y es que oyes a un gallego y nunca podrás decir… «Josiño dijo», sino más bien «para mí, para mí que Josiño dijo».

Por ejemplo, que no hay nada como los ejemplos para entender las cosas. Estás en la aldea y si un vecino te pregunta «¿ya llegaron las cerezas?», no tienes ni que mirar el árbol para ver si las hay, él ya lo hizo por ti y lo que quiere es que se las ofrezcas. Y si no te das cuenta y no lo haces, pues ya pueden dar las diez de la noche o la Navidad del 3040 que él nunca te las pedirá, no; sino que insistirá si han llegado, y si dices que no sabes, pues no lo sabrás tú porque él…

Otro ejemplo

Y si vas a una aldea, imagínate de siete habitantes, no te conocen y preguntas por alguien, pongamos por Chuchi, lo normal es que se acerquen dos personas como aparecidas del intramundo y que la respuesta sea demoledora: «Usted de por aqui no es, ¿verdad?». Y piensas, «pues va a ser verdad hombre de Dios, pues va a ser verdad, que me matáis. Sois siete y solo siete desde el siglo V ante de Cristo, y me habéis visto alguna vez… porque entre siete… como que se nota ¿no?. ¿Cómo voy a ser de aquí?».

Y si enterarte, entonces entras en su juego y dices «no», ¡¡¡qué vas a decir!!!, que sí pero que vivías de tapadillo… bo. Y si preguntas otra vez por Chuchi (insisto solo hay siete en la aldea,solo siete), te dirán: «¿Qué Chuchi?» y chaval… date por vendido.

Sin darte cuenta empezarás a dar datos y datos del Chuchi ese, pero muchos, muchísimos, y cuando ya no tengas más y hayas dicho todo, pero todo, absolutamente todo, y les expliques por nonagésima vez que lo buscas por nada que pueda perjudicarle, entonces uno mirando al otro te dirá: «Home, este chamase Chuchi, pero non sei si e o que busca».

Pues como va a que ser que sí; que un Chuchi de 40 años, que su madre se llama Nita, que su padre trabajó en Suiza, que tiene un hermano en Talleres Serafín y que me dieron esta dirección, en esta aldea perdidad en el mundo… pues va que ser que sí, que ese es el Chuchi que busco, que siendo siete los que vivís aquí… joé tío, esto de los gallegos es un imposible, te lo digo yo.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:13 am

¡¡¡Pero es tan difícil escribir CHAMPÜ!!!, joé

Yo no sé si a ti te pasa como a mí; pero cuando me baño y por lo que sea no encuentro o se acabó el champú que tengo controlado, me desespero. Entonces hago un giro a lo Houdini, cojo cualquier bote y por mucho que leo y busco la palabra champú… nada. Champú no; pero limones, avellana, coco, nueces, fresas… y te le juro que me da unas ganas de hacerme unas tostadas…

A mí no encontrar la palabra champú, pues no me preocupa si estuviera sentado en un sofá y no tuviera nada que hacer… ya sabes cuando estas así que no estás, perdiendo el tiempo y te lo mismo lo que lees; pero en el agua, notando como se enfría y la piel de tus dedos se reblandece, con color blanquecino cuasicadavérico, que los miras ya como en la distancia, como si empezara el camino del no retorno al otro mundo y que te apetece decirle: «Hola dedo, hola dedo, no te vayas, no te vayas… ».

Cuando esto sucede, cuando no encuentro el champú, lo que suelo hacer es echarme lo que sea en la mano, frotar, y si sale espuma, pues supongo que valdrá; pero también a veces ocurre que entonces la sioux, mi mujer, me dice que no que, que lo que he cogido es una crema para abrir los poros.

Y ella lo dice como si nada, pero a mí es oír lo de «abrir» y con el frío que hace en la aldea me da ganas de separarme del bote unos 10 kilómetros, porque como se me abran los poros y me coja una ráfaga, seguro que me traspasa como si en vez de epidermis tuviera un colador. Vamos, se me abre a mí un poro y le pongo un candado.

Yo comprendo que soy radical y mucho, pero cuando suceden estas situaciones me dan unas ganas, pero unas ganas de ir directamente ya al detergente de la lavadora sin contemplaciones o al Fairy y tragarme esas pastillas como si fueran un medicamento y que sea lo que Dios quiera… Y en esto del querer Dios es majo, te lo juro, porque quiere o al menos me quiere mucho, porque pasar no me ha pasado nada y echar… echar, me he echado de todo.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:14 am

Un nuevo método para ligar

Vamos a ver; a mí esto nunca me funcionó, nunca, pero eso no quita que entre 6.000 millones que somos… a alguno.. malo será. Este nuevo método para ligar es como sigue: Te acercas a alguien conocido/a y le dices muy rápido, pero muy rápido pero que más o menos lo entienda «¿Qué talla llevas?».

Si te las dice… ¡¡¡hecho!!! y a ello. Si pone cara de sorpresa entonces le repites: «¿Qué tal lo llevas?». Si te dice que te había entendido…. y se ríe, ummmm ummm, entre risa y risa a lo mejor…. Bueno; esta es mi aportación al lío ese de ligar y a la Humanidad, que si es por estar más unidos… que no se diga que to no… pues eso.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:15 am

No es lo mismo un invitado tuyo que de tu mujer, qué va a ser

Esto de invitar a alguien a comer a casa, pero una comida que tal, no un bocata y tira palante, tiene su miga (si hay pan. De verdad, ¿soy normal?, ¿se puede decir mayor estupidez?) porque no es lo mismo que el invitado sea tuyo que de tu mujer. Y es que son distintos, pero que muy distintos.

Invita tu mujer a alguien, y más que estar en casa parece que estás en el Palacio de Oriente porque hay una máxima: no-pu-e-de-fa-llar-na-da, na-da. Y lo primero que sucede es que de no sé de dónde, saca un mantel con unas virguerías de agujeritos que le llaman puntilla que ni que lo hubiera hecho la costurera de la Catalina de Austria, casi no se puede tocar y hay que comer levitando, no se vaya a manchar, que tú… bueno tú como mucho pondrías el felpudo.

Y son tan diferentes que si estás comiendo y cae algo al suelo, por ejemplo un trozo de pan… ni que estuviera envenenado y aquello fuera un terremoto; todo diosssss se inclina al suelo, coge el mendrugo ese bajo la mesa… «y que no, que no lo tomes, que ni hablar, que… ». Eso ellas, claro, porque nosotros, nosotros con nuestros invitados…

Hombre, yo no te digo que si viene un colega y si un bistec lo notas un poco duro lo cojas, lo tires al suelo y lo taconeemos en grupo, a ver si ablanda, y tras zapatearlo alguien lo toque y si lo ve como que aún no está tierno, pues tras una mirada cómplice a todos, otro tracatrátrátrá a ritmo de José Mercé… joé, que es un amigo, no una bestia, pero de ahí a tirarse todos cuerpo a tierra porque ha caído un panecillo…

Y si son tan diferentes que ante una situación así, de que ha caído un pan, una invitada de tu mujer no dice nada; pero uno tuyo no solo dice que da lo mismo, sino que si al pan se le ha pegado incluso una mosca dirá: «No, no, deja la mosca, déjala, que yo en casa siempre lo tomo así… ». Un santo, de verdad que un santo.

Como te digo, yo no sé como serán los invitados de tu mujer, pero los míos… los míos, eso, unos santos; pero tanto que hay algunos que no vuelven, pero no sé si es porque vivo lejos, en una aldea y les resulta complicado, o porque que el pan sí que estaba envenenado y como en los diarios digitales, que es lo que leo, las esquelas no se publican… pues que quieres que te diga

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:16 am

Los móviles no se necesitan pa ná

Tú, claro; como vives en la ciudad, o en un pueblecito de bastantes habitantes que para ti también es ya una urbe… pues lo normal es que en él haya pasos de peatones, que la gente los cruce, no suceda nada especial y que la vida continúe.

Esto sucede, que te diría yo, en unos 8.000 millones de pueblos de todo el mundo, tirando por lo bajo; pero en el mío no; en el mío, que está a unos 20 kilómetros de La Coruña, tenemos dos pasos de peatones, ¡¡¡dos!!!, desde hace poco, y somos tan felices… pero tanto… que no te lo puedes imaginar. ¡¡¡Que vas imaginar!!!, imposible. ¿Cómo alguien puede imaginar que se esté contento por tener un paso de peatones…? Nadie, absolutamente nadie; bueno, nadie no, nostros sí.

Pero es que nuestros pasos de peatones no son pasos de peatones al uso; y no son al uso por eso mismo, porque no los usa ni dios. Aquí se cruza por donde sea, cuando sea, como sea y que sea el conductor el que se preocupe y más si lleva un Seat (esto de Seat solo lo pongo para que rime, olvídalo). Y como no son al uso, cuando alguien lo usa… como el conductor tiene que pararse, entonces lo que ocurre roza la psiquiatría…

De charla

Se pone el semáforo en rojo, el automovilista de turno se para, pasa un peatón (por cierto que aquí el concepto de peatón es algo etéreo; aquí pasa Juan, Chiño o de Chiruca, Carlos o miñoca o Pepino o mosca, que nos conocemos todos) y cuando, pongamos por caso lo hace Ramiriño y va por la mitad de la calzada, el conductor hace ruido estruendoso con el motor, saca media cabeza por la ventanilla, golpea con la mano izquierda la carrocería de su cochey a grito pelado se oye. «¡¡¡¡Ramiriño caralllo, que vas dormido!!!!, ¡¡¡desperta oh!!!».

¿Y qué crees que hace Ramiriño?, que se mosquea… que se altera… ¡¡¡que va!!!, se ríe, como te lo cuento, se ríe; cuando a todos nos daría un infarto, un amago de taquicardia… Ramiriño se ríe, con dos bemoles, como si no hubiera pasado nada y lo primero que dice a su colega/conductor es: «¡¡Ostias Chuchiiiii!!!, ¡¡¡dónde vassss… !!!».
Vamos a ver: Tú sabes que hay una cosa que se llaman teléfonos móviles, que son unos aparatos pequeños, muy sencillos de manejar, que tienen un teclado con números, que marcas el de un amigo y hablas ¿no?: Bueno, pues a veces me pregunto que para qué alguien se estrujó el cerebro para inventarlo, porque Ramiriño y Chuchi se ponen a hablar en medio de la calzada como si fuera el bar (uno de pie y el otro en el coche) y como si el semáforo en vez de tres colores tuviera el arco iris completo.

Tranqui, todos tranqui

¿Y tú cree que al resto de conductores les preocupa que hablen y charlen cuando ya el semáforo está en verde?, pues no. Aquí hay como unos segundos de, que te diría yo… ¿cortesía sería la palabra?. Lo dudo, pero hay algo, porque aunque este en verde se deja unos 10 o 15 segundos para que se despidan.

Y solo, y cuando digo solo es solo, pero una soledad infinita, si alguien toca la bocina es cuando termina la conversación; pero se termina como se termina, que es casi empezarla, porque mientras Chuchi acelera lentamente y Ramiriño llega al otro lado de la calzada, entre uno que se va y el otro que se queda se oye: «¡¡¡Cando volvas nos vemos no bar de Auroraaaaa!!!!, ¡¡¡¡no de Auroraaaaaa», «¡¡¡quéééé…!!!», responde el otro, ya a la altura de Jaén; «¡¡¡¡que no de Aurora ohhhh!!!!».

Y alucinante, a gritos, decidiendo todo en el condenado paso de peatones, Ramiriño y Chuchi no solamente quedan y se ven en el bar Aurora, sino que se entienden y perfectamente y resuelven cualquier tipo de asunto, y, eso, lo mismo son capaces de quedar en una tasca que firmar un acuerdo marco sobre misiles tierra-aire, allí en el asfalto, entre las líneas blancas. ¿Hablar por teléfono?, ¿utilizar el móvil? para qué… En confianza, entre nosotros, aquí Nokia futuro… no le veo ninguno; ahora, si vendiera pasos de peatones… eso ya…

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:17 am

Mola estar sano e ir a un hospital, joé que si mola

Mola, mola eso de ir a un hospital estando sano, que si mola… Hace unos días acompañé a una persona, por no acompañarla al cementerio, y mientras la consultaban me di una vuelta por los distintos servicios. Y tío, es genial.

Por ejemplo; pasé por Oftalmología y aquello, más que ojos el personal tenía un periscopio encima de la nariz: veían por todos lados, unos giros de ojos… unas miradas… con decirte que como la primera persona que vi fue una tía pensaba que me estaba echando los tejos… pero no, porque al ver al resto… unos mirando hacia arriba y abajo a la vez, otros a la izquierda y a la derecha, algunos arriba y a la izquierda… Vamos, salí de allí, me observé en un espejo, y tío, tengo unos ojazos, o mejor dicho, una mirada, pero alucinante la mirada que tengo, preciosa, vamos si quieres un día quedamos.

Y ya que estaba allí pasé por Traumatología, y aquello era una especie de puzzle: uno con un brazo en cabestrillo, otro la clavícula enyesada, aquél que si una venda en la cabeza… y cuando vi al médico lo primero que pensé fue: «Este debe saber jugar al Tetrix de carallo, para encajar todo esto… ».

Y así estaba, en esos pensamientos, cuando me fijé en uno que (visto de frente) con la clavícula izquierda, el brazo izquierdo y la pierna derecha enyesada, y con la barriga que tenía, más que un ser humano parecía un 5.

Y mira que lo observé, pues aunque su mujer le llamaba Juan, yo veía un 5, y cuando la pareja se puso de pie, como ella era muy alta, delgada y llevaba como un sombrerito de pico veía a un cinco con un decimal; o sea un 5´1.

Hasta tal punto me empaté con los lisiados / lesionados que me dije: «A ver si con todos ellos formo el número Pi; ya sabes el 3,1416 y… pues no, como no había ninguna mujer embarazada para el 6, no lo pude conseguir, y medio un no sé qué, una rabia… y así estaba, hasta cuando por esas cosas de la vida descubrí que el número Pi no es exactamente 3,1416 sino el 3,1459265358979323846 y que para redondear… pues como el euro, pero sin que te afecta al bolsillo, pues se pone el 6 en vez del 9265… pero como soy periodista y las cosas son como son o no son, estoy por ir mañana otra vez al hospital y a ver si consigo el 9 ese del 3,1459… que es lo que realmente es el número Pi, y seguro que lo encuentro: un tío con la cabeza vendada, pero me da uno sé que a lo mejor no lo necesito que si voy, el 9, aunque vendado por dentro, igual soy yo ¿no?

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:18 am

¡¡¡ Ya soy un hombre del rural!!!

Alguna vez he contado que vivir en la aldea te va cambiando poco a poco y que uno de los primeros síntomas de que has pasado de la fase urbana a la rural es cuando después de un tiempo vas a la ciudad y quieres aparcar el coche. Entonces, cuando antes lo hacías en un plis plas, ahora, acostumbrado más a que estacionar a dejarlo así a granel, a lo que caiga en cualquier sitio en el campo, haces maniobras y más maniobras para encajarlo entre dos vehícilos, que por momentos hasta tienes miedo que en una de esas le des así como a lo bestia y arranques el volante de cuajo.

¿Tú acuerdas cuando eras pequeño de aquellos camioneros que los veías como allí a lo alto, en una nube, subidos a la cabina, arremangados, encogiendo el estómago para que les entrara el macrovolante hasta el higadillo y echándose hacia adelante para alcanzarlo y girar? Pues yo casi igual pero con Nissan micra, pequeño como un zapato, penoso.

Pues esto de aparcar, como digo, es un síntoma; pero lo que ya es una prueba de ruraleza total es cuando de tu boca salen dos expresiones: «home» (hombre en castellano) y «cajoenrós», que para qué traducirlo. Te sale un «home» o un «cajoenrós», y de ahí a que se te vaya poniendo cara de vaca… un paso, pero un pasiño, te lo digo yo.

Cuando yo vivía en la ciudad y hablaba con alguien en la calle solía contestar: «Sí, sí» o «claro, claro»; pues ahora sí que está clarísimo, ahora solo digo «home»; pero un «home» con todo tipo de sonoridad: un «¡¡¡home!!!» que lo oyen en el portal de Belén, un simple «home», así en plan taciturno; o un «home… » con puntos suspensivos que es como un eco hacia otra dimensión.

Vienes… home; te vas… home; te quedas… home. Y así todo el día; «home» para aquí «home» para ya. Y claro, piensas: «Una manía, una manía y nada más, que ya pasará».

¿Una manía?, ¡¡¡anda una manía, si llevas así ya dos años… !!!. Y entonces, como si te psicoanalizaras, como si levitaras mentalmente, descubres que tu mujer también dice «home»; y claro, que tu mujer también diga «home» es normal; pero que lo diga con el mismo tono, pero el mismísimo del de cualquiera de la aldea cuando ella es estadounidense, de Cleveland y nativa de la tribu sioux… pues te lo juro que es pensarlo y casi te sale del alma la otra, la otra palabra: ¡¡¡cajoenrós!!!

Autor: Manuel Guisande

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:18 am

¿Pero cómo diablos se mata un ratón?

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Contra los ratones, la verdad no tengo nada personal; hombre, profesionalmente no niego que me hubiera gustado entrevistar al Ratón Pérez, pero es difícil porque como a tus hijos se les cae un diente muy de vez en cuando… justo pillarlo esa noche… Así que un día pensé, si me arranco toda la dentadura y cada día pongo uno, malo será que no logre esa exclusiva. Pero también, a la vez, me dije, pero si dejo el periódico y me dedico a la televisión o a la radio, qué hago, empiezo un informativo diciendo: «Losf Filatas Sofmalífs… ». No.

Y esto de los ratones viene a cuento porque en casa tengo tres; dos están controlados, pero muy controlados, que son los de los ordenadores; pero hay un tercero que me tiene desquiciado. Lo he visto más de veinte veces y el tío parece un autobús; no porque sea grande, sino porque siempre hace el mismo recorrido y las mismas paradas hasta llegar al fregadero para beber agua, supongo, que aún no he podido hablar con él.

Y en confianza, me tiene desesperado porque cada dos o tres horas, en la tranquilidad de la casa, de repente oigo a grito pelado a los niños: «¡¡¡¡ahí está, ahí está, ahí ahí, mátalo, mátalo!!!!». Y te lo juro que de los sobresaltos he chocado con la cabeza en el techo varias veces; ellos dicen que no, que es imposible, pero para mí que sí, porque me duele la testa, pero quizás sea por los gritos.

No sé; el caso es que como además soy el hombre de la casa (eso creen los inocentes) pues tengo que acabar con el ratón sea como sea, como si yo hubiera nacido para matar ratones como el aficionado que está esperando a que abra la temporada de caza con la escopeta ya en la mano. Y es que incluso te aconsejan y te dicen: «¡¡¡¡Dale con la pala, con la pala, dale, dale!!!!». Para finalmente decirte con cierto aire de fracaso: «Se te escapó». «¿¡¡¡¡Cómo que se me escapó!!!?», piensas, «¡¡¡¡desde cuándo el ratón es mío… !!!!»

Y de verdad que esto es una locura y una paranoia, porque también de vez en cuando dicen: «¡¡¡¡Ahí está, ahí está!!!!»; si hombre, la Puerta de Alcalá, porque lo que ven es un trozo de madera en la lareira, una ceniza, una sombra… y hasta pienso si estos niños se colocan con algún alucinógeno o el campo les sienta mal… no sé

¿Pero cómo puedo deshacerme del roedor?, pues llevo dos semanas intentándolo. Primero compré un veneno que se llama Ratimón, pero, macho, para mi ratón el Ratimón este ni que fuera un bombón, se lo come a paladas y no la espicha. Y no digo que este veneno sea malo, sino que a lo mejor mi ratón ha sufrido ya una mutación genética y el Ratimón para él es placer de dioses. Además, como viene en bolsitas, a mí me da que cree que es un regalo o algo así.

La siguiente fase fue poner la típica trampa con el queso, que teóricamente al comerlo salta el rudimentario sistema y ¡¡¡¡plasss!!!, lo aplasta, lo ahoga, lo machaca, lo tritura, lo decapita, lo descabeza, lo estruja… perdona por ser tan bestia pero es que le tengo unas ganas… Pues tampoco. Entonces compré otra en la que teóricamente se mete por un agujerito y también un hierrito lo destroza, ni así; y no sé como hace el tío, que se come todo lo que le pongo y ya lleva, además del queso, casi dos lonchas de jamón y un tarrina de foiegrás.

Como el asunto es ya una cuestión personal, me hice con una trampa para topillos, que es un tubo. El animalejo puede entrar por los dos extremos, levanta una tapita de metal, pero luego no puede salir porque la susodichita tapita se cierra; bueno, pues que me lo explique el inventor del artilugio porque mi ratón entró, se comió lo que le puse y salió. Entonces me hablaron de otro sistema, cola; sí, un pegamento que lo echas en una tabla y cuando va a comer se queda pegado. Pues pegado me quedé yo al ponerlo, manchándome las manos y frota que te frota con agua y jabón durante media hora para sacar aquella porquería pastosa.

Como no es cuestión de cambiarse de casa he decidido poner la bolsa de la basura cerca del fregadero, atar una cuerda al cierre, esperar y esperar y cuando entre… ¡¡¡¡zasss!!!! tiro de la cuerda y atrapado. Es como ir a pescar, pero en vez de relajado, con una tensión que no veas, con un mosqueo… el normal, como para aplastarlo, ahogarlo, machacarlo, estrujarlo, triturarlo, decapitarlo, descabezarlo, descuartizarlo… de verdad, me tiene frito, y los niños más, que a este paso ya no sé a quien matar.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:19 am

Los españoles cambiar... como que no

A mí me encanta España; perdón no es que me encante, es que no hay un país como este, no lo hay, porque aquí sucede lo que no sucede en otro lugar del mundo porque lo que nos mata es… pues que tenemos buena voluntad, mucha, pero no nos conocemos, creemos que somos… y no.

Mira, hace unos tres años, un tipo montó por aquí, cerca de La Coruña, en un pueblecito, un pub americano, pero americano de verdad, con todo lo que te puedas imaginar: letreros made in Usa, billar, botas de cowboy, revólveres, sombreros, placas de sheriff… menos él, que se llama Gabriel y su mujer Toñi, todo era americano, incluso el tabaco, claro. Pues a los tres años, solo tres… joé, al cabo de ese tiempo, que no es mucho, ayer pasé por allí y el pub se ha convertido en una prolongación de la casa familiar.

No me expliques cómo, en menos de mil días, al lado de la mesa de billar han aparecido amontonadas cajas vacías de Coca-Cola, de agua mineral, de tónica, de botellas de vino, de coñac, de ginebra… y encima de todo ese cristo… revistas, periódicos, bolsas de plástico, cáscaras de cacahuete, una publi de un súper y un cenicero.

Y el ambiente…. ¡¡¡Dios el ambiente!!!. De aquél primer día en el que entré, que un chico me sirvió educadamente, que preguntó si quería jugar al billar y encendió todas las luces, que aquello más que un pub parecía un casino de Las Vegas… el chico ya no está. Ahora la barra la atiende una señora que ha cambiado la música de James Brown por la de María del Monte, que pone a grito pelado una teleserie a media tarde, y por una puerta de detrás de la barra suele aparecer Toñi, embarazada, mientras un niño corretea de un lado al otro del local y parece que el cliente es él, unas atenciones al chaval… pero unas atenciones…

«¡¡Ven, ven con tu abuela; ven, ven Josiño!!, ven aquí mi vidiña…», se oye desde la barra y desde la Alhambra de Granada. «Ven, ven, neniño; quién te quiere a ti, quién te quiere a ti…». Y tú piensas: «Hombre, a mí usted no me tiene por qué querer, pero si no le importara ponerme un azucarillo para el café… o me dio terrón, aunque sea…».

Y así estás, viendo el panorama, pensando cómo se ha pasado del «yirepa, yirule» al «te espero en casa amoooorrrrr» y hasta te da ganas, por eso de no desentonar, preguntar: «Aquí bocatas de salchichón no tendrán, verdad…». Y mientras dudas en pedir uno de salchichón o de sardinillas, cavilas en cómo comenzó a tunearse el local y a la vez te dices: «Mejor que Pub Ohio le iba Casa Toñi, total Ohio y Toñi tienen cuatro letras…. gasto no era». Y es que es eso, voluntad e intenciones… todas, pero luego… es que somos así.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:20 am

¡¡ ¿Pero por Dios en que trabajas?!!!

No niego que en esta época sea difícil conseguir trabajo, que está el asunto… tela; pero más, mucho más difícil es saber en qué trabajan los que dicen que trabajan. Yo reconozco que en esto como que soy un poco antiguo, un clásico, más bien. A mí me quitas de lo de médico, abogado, carpintero y fontanero…. y ya no sé muchos más; bueno, está lo de ladrón y político, pero eso no sé si son profesiones o actividades, que nunca me aclaré bien.

El caso es que a mí cuando me presentan, impepinablemente dicen: «Mira, Guisande, de La Voz de Galicia». Y ese de «La Voz de Galicia» es ya como mi nombre, que estoy por ir al Registro Civil y decir que me borren y que pongan «La Voz de Galicia», que más que una persona soy una marca, como el Colacao o la Coca-Cola.

Y ya me imagino al del Registro diciendo: «Nada, perfecto, le pongo solamente La Voz de Galicia o le añado alguna edición…. A Coruña, Vigo, Lugo… » y yo respondiendo con toda normalidad, «no, con simplemente La Voz de Galicia llega». «Vale, La Voz de Galicia» y cuando me voy a ir seguro que aún añade el tío: «Perdone, ¿le pongo Central, de Redacción Central?». Y claro, como no soy violento estaría por decirle que pusiera «página par» y que no me diera ya más la vara; que eso de Central me suena como la Central Lechera Asturiana, y que no, que con el nombre del periódico ya voy bastante servido y empapelado para una buena temporada.

Esto, como digo, me pasa a mí; pero cuando me presentan a alguien, muchas veces me dicen cómo se llama y no a qué se dedica. Entonces al preguntar en qué trabaja, el asunto empieza a tomar tintes de misterio cuando te responde: «Negocios». Hombre, sí, negocios vale, pero de qué, de venta de componentes para la Nasa, de boinas, de colchonetas para el verano, de búfalos…. y si insistes entonces la intriga es mayor cuando te comenta: «Tengo unos socios».

Sí, hombre, si nadie niega que tengas unos socios o como si no tienes a nadie en la vida, que me importa un bledo, que lo que quiero saber es ¡¡¡ a qué te dedicas, en qué curras !!! y hablar de algo y no mirarnos a la cara como si estuviéramos jugando al mus. Que de verdad que me da lo mismo si tienes negocios si trabajas o no, que lo que quiero es irme ya, hombre, pero como nos han presentado… Y a la vez te maldices diciendo a ti mismo casi llorando: «Joé, no, joé, no; otra vez no, otra vez no, cuándo me presentarán a alguien normal, que sea camionero, ingeniero, electricista o que esté en el paro, pero un tipo normal, solo quiero un tipo normal, que no es tanto pedir… joé no, joé no».

Y mientras casi lagrimeas porque parece que tú si no es encontrar gente rara, pues como que te buscan, te das cuenta de que ante estos individuos lo mejor es no insistir porque si lo haces entonces la siguiente frase es: «Estamos en Barcelona, Madrid, Sevilla…». Y tú piensas «mira, a mí como si estás en Laponia» y entonces empiezas a cavilar que el tío que te han presentado va de farol y como diga la palabra enigmática se delata y paso porque ya me está dando la mala. ¿Y cuál es esa palabreja que provoca en mi una decisión tan fulminante, tan radical y drástica?; pues no hay otra: «Internacional».

A mí un petardo de estos me dice que tienen negocios «a nivel internacional» y lo primero que le pasa a mi mente es que se queda en blanco e inmediatamente analiza la situación, miro a mi alrededor y me pregunto: «¿Y qué hace, qué hace un elemento que dice que se dedica a los negocios planetarios, sí, a los negocios planetarios, aquí, justo aquí, en Preisiriños de Abajo, hablando al lado de un hórreo, de un alpendre, junto a una gallinas y frente a la vaca marela y la pinta?».

No, no me encaja y entonces pienso: «¿No sería un negocio, pero un buen negocio, crear una empresa que se dedique precisamente a eso, a saber en qué están metidos éstos que tienen unos socios, que están en Madrid, Barcelona, y Sevilla, que trabajan en todo el globo terráqueo y que tienen un coche y una casa que flipas?». Y cuando piensas que te vas a forrar te das cuenta que ya existe esa empresa, que se llama… ¿cómo se llama esa? Ah, sí, Policía.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:21 am

Cuando una mujer dice: «Y si un día me voy con otro...»

No voy a entrar en eso de si la mujer vale más que el hombre, si el hombre más que la mujer o por qué hoy me quedé sin tabaco y tuve que ir a buscarlo al estanco lloviendo a mares, que eso sí que fue un problema y grave.

Yo lo único que sé es que creo que estamos con ellas porque como niños que somos necesitamos cariño y porque tenemos algo innato a intentar saber lo desconocido; ahora, que por qué ellas están a nuestro lado… te lo juro que ni flores porque puedo entender que una mujer sea masoquista, una, pero todas… absolutamente todas… no puede ser; pero eso se lo dejo al del Bimbo, a Punset, para que lo averigüe con Hojfnisman Clairk, de la University of College Magnagement Tremend de juiskonsi.

Como digo, lo que pasa con las mujeres para mí es muy raro. Tú estás en casa y de repente te dice: «Y si un día te engaño… y si un día me voy con otro…». Y te lo dice no porque hayáis asistido a un debate sobre la infidelidad o porque haya leído una noticia en el periódico o escuchado algo en la radio… no, te lo dice en la cocina, así porque sí, mientras estás haciendo una tortilla de patata y abres la nevera para coger el tomate triturado Solís, que es oír lo que dice y ver la marca, Solís, y ya piensas si realmente te estará engañando y te vas a quedar más Solís que la una

Y claro, cuando te pregunta eso de… «y si un día me voy con otro…» pues cavilas: «¿Un día, solo un día? Un día no, que hago yo solo un día; ahora un par dos años, dos o seis, por ejemplo, pues ya es otro asunto, pero un día, 24 asquerosas horas… bo».

De verdad que no las entiendo, y cuando me producen algo así que ya me supera, es cuando dicen esa frase de: «Es que tú no sabes cómo piensa una mujer». Mira, tú sabes ese deporte que se llama golf, que hay un tío con un palitroque, otro 120.000 viéndolo en directo en el campo, por la tele como 577.000 millones y nadie dice nada a la espera de que meta la bola en el puto agujero ese… pues así me quedo yo, en un silencio interminable cuando oigo la frase esa.

Cuando la escucho, cuando dicen eso, te lo juro que me quedo como anestesiado, paralizado, cloroformizado, miro para ellas y pienso: «¿Son humanas?», «¿son de verdad?», «¿son reales?», «¿las toco para comprobarlo?», «¿serán acaso esa vida que buscan en otro planeta y que ya está entre nosotros?», «¿y cómo piensan, cómo piensan…?». Y en esas estoy cuando oigo: «¡¡¡¡Guisaandeeeee!!!, trae el tomate, ¡¡¡en qué piensas!!!». Y respondo: «En ti cariño, en ti» y a veces… en Solís.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:22 am

Urdangarín que se fuga y el tontolaba del yogur

De verdad, de verdad que flipo; algo más de tres semanas si informarme de nada, pero absolutamente de nada (por cierto, feliz) y echo un ojo a los diarios digitales y me encuentro que se fuga el Urdangarín, porque eso de entrenar en un país si extradición… ¿cuándo entrenó este inútil? ¿y justo ese país, justo ese sin extradición?. Juancar te pasas mogollón.

Y cuando ya pensaba que esto del apaño Iñaki-Rey-Catar era lo máximo que me iba a encontrar… pues no, lo superó lo que supongo que es ya el sumo de la estupidez humana vía oral, porque en lo de intravenosa no entro; es decir, que según el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Arias Cañete, los yogures no caducan. Acojonante, y todo por que él los come caducados… vamos que si va de Madrid a Barcelona andando, pues no existe el Ave, como él lo hizo a pié…

Vamos a ver don Cañete. Que en Alemania, por ejemplo, donde las salchichas es una comida típica, se diga una tontería similar… pues que quiere que le diga, aún tiene un pase; pero los yogures en España… los yogures… es que vivimos del yogur… es que somos una potencia mundial exportando yogures… que los yogures no caducan… que eso de consumir preferentemente antes de… que eso no vale para nada… ¿Y los pimientos de Padrón?, ¿y las ostras de Arcade?, ¿y el besugo de Orio? ¿y el zarangollo murciano?, ¿y el gazpacho andaluz?

Pero es que lo ha probado todo y tras comerse media gastronomía patria ha llegado a la conclusión estomacal que los yogures es lo único que no caducan, o es más bien que hace tiempo no sale en los informativos, o acaso esto de los yogures se le ocurrió un día festivo, por eso de hacer algo…

Flipo y reflipo y los que fliparán y refliparán seguro que son el resto de los países europeos al escuchar de un ministro de un Gobierno, no el presidente de la Asociación de Vecinos de Burusburús, que los yogures no caducan; que yo no sé usted, pero yo soy alemán o sueco, por ejemplo, y el primer pensamiento que tengo es que España no es un lugar de paso de la droga para el resto de Europa, ¡¡¡qué va!!!, la droga se queda en España.

Pues la verdad que no sé si a eso de «consumir preferentemente antes de…» hay que hacerle caso o no; pero que alguno de ustedes deberían de dimitir «preferentemente antes de…», de eso, de eso no tengo la menor duda.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:23 am

El nacionalismo, el gallego y el juez

Lo de los nacionalismos y el idioma tiene su aquél y, en ocasiones, por no ceder ni unos ni otros para comprenderse, el asunto termina como el rosario de la aurora en forma de denuncia periodística o judicial. En una ocasión, un abogado que era bastante intolerante tenía que defender un caso en la Audiencia Provincial de A Coruña y lo quiso hacer en gallego, pues estaba en todo su derecho; pero como sabía que el magistrado también era de su misma pasta, pero castellano parlante, se rodeó de sindicatos nacionalistas y de afectos al idioma gallego para que, si en el juicio le impedía expresarse en la lengua de Rosalía de Castro, provocar un escándalo.

Y así fue. Cuando comenzó la vista oral, nada más pronunciar las primeras palabras, el magistrado le exigió que lo hiciera en castellano y, al negarse el letrado, y como el juicio era público, se armó la marimorena y el juez ordenó desalojar la sala mientras se oían improperios de fascista, españolistas y otras lindezas.

El abogado, todo orgulloso y ufano, salió en loor de multitudes, vitoreado por sus acólitos y fueron a celebrar el hecho a una cafetería cercana, comentando todo lo ocurrido e ideando la misma estrategia para cuando se celebrara el juicio en otra fecha. Y así fue, este tuvo lugar pasado unos meses; pero en esta ocasión quien tenía que decidir sobre el asunto era otro magistrado, al que lo del gallego le daba lo mismo, es más, le tenía cierto cariño, pero que, conocedor de lo que había ocurrido, quería darle un cierto escarmiento al letrado. Este acudió igualmente rodeado de sus correligionarios, que llenaron la sala.

Nada más iniciarse la vista oral, el abogado comenzó a hablar en gallego, momento en que el presidente del tribunal le dijo: «Perdone señor letrado. Por parte de este tribunal no hay inconveniente alguno que usted se exprese en gallego, pero como usted bien sabrá, este rico idioma tiene sus giros y sus expresiones, que aunque muy hermosas y bellas, a veces son complejas, y es posible que, a lo mejor, tales frases puedan ser mal interpretadas por este tribunal y que puedan ir, sin desearlo, obviamente, en perjuicio de su defendido». El abogado, que no se esperaba tal respuesta, se quedó mudo, momento en que su defendido le hizo una seña y le dijo: «En castellano».

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:23 am

Quiero ser hippie

¿Tú sabes lo que realmente me gustaría, que estaba yo estos días dándole vueltas entre proyecto y proyecto que ando currando?, pues a mí me gustaría ser conocido, muy conocido, conocidísimo; pero no por eso del ego o porque la gente me admirara… ¡¡¡qué va!!! A mí me encantaría ser conocido para vivir a lo hippie, sin dinero y en plan trueque, sin el rollo ese de preocuparse de llevar una cartera con tarjetas o que te las has dejado en casa y que no las encuentras y que… vamos que me gustaría ser conocido porque soy un… pon tú el adjetivo, que seguro que aciertas, pero si dices vago… estás cerca de carallo.

Pues eso, yo sería feliz, pero completamente feliz, si salgo de casa, voy a un bar (y como era conocido, muy conocido) pues desayuno, y a cambio pues al dueño le cuento cuatro o cinco anécdotas o, si tiene gente y quiere entretener a la clientela… pues un monólogo, dos, tres, los que quiera, será por rajar… bo

Y tras desayunar y ya en la calle, mirar al cielo y al ver estas nubes gallegas, decir: «Mira neniño, que aguante esto tu padre, que me voy a Málaga, que mucho marisco y paisaje pero a ver si me da algo de sol, que me estoy quedando mustio».

Y tal cual lo digo, hago autostop para que me lleven al aeropuerto y (como era muy conocido) a los tres minutos uno que para y… «¡¡Hola Guisande!!!» y mientras vamos al aeródromo le cuento una historia curiosa, y al coger el avión, al capitán le explico que tengo una faceta poco conocida, y es que toco la guitarra, no muy bien, pero para entretener al pasaje hasta Málaga…

Y dale que te dale a la guitarra durante una hora y…¡¡¡¡en Málaga!!!, aunque en vez de marisco coma mortadela, ¡¡¡pero en Málaga, tío!!!, que total en Galicia el marisco tampoco lo probamos… Y a primera hora de la tarde, pues entro en un hotel y oigo: «¡¡Vaya Guisande!!, ¿y tú por aquí?», «pues ná, que vengo a echarme una siesta». Y tras planchar la oreja, a los hijos de los clientes les explico cómo se escribe un cuento infantil, y si son mayorcitos… pues hacemos una obra de teatro y me quedo un mes por la carótida entre ensayos y representaciones.

Y así, pues así toda la vida, dar y recibir; claro que a lo mejor entro en un sitio adonde no llegó la radio, ni la tv, ni los periódicos, no me conocen de nada pero de nada de nada y más que dar… recibo, pero recibo bien y de dos en dos y es la de dios.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:24 am

Ya sé porque ir a trabajar le llaman «ir al chollo»

Mira que no entendía yo eso de que la gente dijera «ir al chollo» en vez de «ir al trabajo»; pues tras solo un año de independencia empresarial lo he comprendido. Joé que si lo he comprendido, y especialmente estos días, que con el frío que hace en la aldea estoy por poner otra vez el árbol de Navidad sin necesidad de echarle nieve artificial, que como esto siga así esperamos un poco y es abrir la puerta de casa y seguro que tenemos más que en los Alpes.

Con decirte que descubierto que para entrar en calor no hay como barrer… quién me iba a decir a mí que el palitroque ese tenía propiedades caloríficas, que le vas dando al suelo con intensidad y con los giros que haces doblando las rodillas y contorsionándo el cuerpo porque hay una pelusilla debajo de una mesa o de la cama, hay momentos, te lo juro, que ya no sabes bien si barres o esquías, que es mirar por la ventana y con el amago de nieve, para mí… que esquías.

Y sí que es «un chollo» eso de ir al trabajo; bueno, un chollo salvo que trabajes en la N-VI, a la altura del puerto de Piedrafita o el Manzanal, que entonces, ahí lo de chollo debe ser menos, que entre el alquitrán y las máquinas te deben dar unas ganas de tirarte a lo bestia contra un cuatro ejes a ver si con el impacto entras en calor o vas ya directo a la incineración, pero sea como sea, caliente.

Pero si en vez de en la N-VI currelas en una oficina… las oficinas son mucho. Entras, temperatura ideal, internet gratis, teléfono gratis, alfombra que no la tiene ni el Banco Pastor… incluso hay empresas que tiene la tele encendida, la radio… y hasta médico por si te pasa algo, que ya me dirás que te va a pasar, pues como mucho ansiedad porque se te suicidó internet (colgar, técnicamente) porque otra cosa…

¿Y qué me dices del comedor de algunas empresas? Dos primeros platos, dos segundos, cuatro o cinco postres, tres o cuatro tipos de bebidas… joé que si es un chollo, más que un chollo, que aquí en la aldea (como mi mujer es de Estados Unidos y todo lo hacen a lo grande) pues te lanza un caldo que joé, no sé para qué lo hace en una pota teniendo piscina, pero dura una cantidad de meses… y no lo envasa al vacío ¡¡eh!!, ¡¡¡qué va!!!

Si será chollo y no trabajo, que hasta ahorras, no gastas. Que vas a gastar en una oficina si no puedes salir; que vas a gastar trabajando, por ejemplo, en un polígono industrial, que es la nada… hombre, gastar gastas en salud, que tampoco es tanto, que están los tiempos con esta incertidumbre laboral, que hasta si la pateas te indemnizan, aunque en este caso, claro, el chollo no es para ti, es para otros, pero chollo… chollo es.

Autor: Manuel Guisande

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:25 am

Con tanto email ya no sé hablar por teléfono

Vamos a ver que yo esto no lo tengo muy claro y no sé si solo me pasa a mí o se me ha aparecido un OVNI y me han abducido; pero desde que prácticamente todo lo que tengo que decir lo hago enviando correos electrónicos… ya no sé hablar por teléfono; marcar sí, pero a este paso ya me veo liado pensando si el 1 es un número o es el rollo ese del Atila y si el 2 es 2 o es la de dios.

Yo lo que sé es que antes, hace un año, no mucho más, cuando hablaba por teléfono, como que mentalmente el cerebro lo tenía ordenado, organizado, estructurado. Decías unas frases, hacías un silencio y tu interlocutor respondía; y así, pues hablas 5 o 10 minutos, había como unas normas no escritas, como una especie de directrices, de reglamento que todos seguíamos inconscientemente.

Ahora no; ahora hablo por teléfono y no sé cuándo tengo que parar para que el otro conteste; el otro responde y sin querer hablo por encima; yo hablo y él también a la vez… me monto un cacao que ya no sé ni lo que dije, ni lo que me dijo, ni lo que iba a decir y si lo dije o no, que cuando cuelgo… joé cuando cuelgo me preguntó ¿qué pasó?, ¿qué me dijo?. ¿qué le dije? Y me entra así un punto como si de esos expertos en desastres aéreos y hasta miro por la casa a ver si encuentro la caja negra y recupero la cinta con la conversación.

Yo no sé si es la edad o que solo me queda una neurona que la tengo trastocada, descentrada, dislocada o asimétrica; pero cuando me hablan por teléfono no me acuerdo de nada, y la verdad que es una perdida de tiempo, no para mí, que a mí ya me da lo mismo, sino para el pobre que me ha llamado, que seguro que piensa convencido: «Bueno, ahora ya lo sabe». ¿saber, saber?, ¿saber qué?, qué voy a saber…

No os lo toméis a mal, si queréis llamar, llamarme, que yo me pongo y hablo, pero que me pidas que me entere… si yo por mí lo haría, que debe ser precioso eso de enterarse, pero es que no me entero y qué le voy a hacer si no me entero, ¿operarme?, ¿nacer de nuevo?…bo

De verdad que no me extraña que ahora los móviles sean tan baratos y que incluso los regalen, total, para escuchar ruidos… aunque en cierto modo tampoco no es que no me entere nada, no; porque siempre me acuerdo de la ultima frase, de la última sí; esa que dice: «A ver si nos vemos», pero como después nunca nos vemos… sinceramente, cada vez entiendo todo menos, y mira que le pongo ilusión y ganas… pues ni así.

Autor: Manuel Guisande

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:26 am

¿que te da más placer bostezar o estornudar?

A mí ya me gustaría tener esa duda de, por ejemplo, cuando vas a comer a un restaurante, plantearte: ¿carne o pescado?, o si vas a ir a un sitio decir: ¿en coche o en autobús?, y cuando regresas decidir: en coche. Pues no, va el rarito del Guisande y su planteamiento existencial en un lluvioso día de noviembre es: ¿Qué es más placentero: estornudar o bostezar?.

Y yo, que soy muy sincero y noble me pregunto: ¿Pero es que se puede ser tan parvo como para tener esta duda metafísica con la que está cayendo; pero hijiño, es que no tienes otras preocupaciones en la vida?. Y lo peor es que hasta me contesto y digo: «Sí, las tengo». Y no sé si el eco o un amigo que me habla o la conciencia, pero oigo: «Chaval, estás fatal, pero fatal, fatal».

Pues el asunto es que como no encontraba una solución a este dilema del bostezo y el estornudo, entonces me dije: Pues nada, ¿me voy a preocupar yo solo?, si hombre; para algo están los amigos y voy a compartir este desasosiego y sufrimiento con los bloglectores y a ver qué dicen, porque yo no lo tengo claro. Y no lo tengo claro porque el estornudo, por ejemplo, no se puede provocar, surge, a no ser que te eches esos polvillos de Carnaval en las napias… pero no es lo mismo.

Un estornudo, pero un buen estornudo, en el silencio de una sala repleta de gente no hay quien lo pague, es una auténtica gozada y verás a tantas personas que te miran y te clavan sus pupilas en tu pupila azul que hasta pensarás que estás en un banco de ojos.

Además, cuando estornudas no es solo uno, sino que por lo general son dos o tres, y si eres un tipo con suerte hasta cuatro y cinco, cogiendo aire, bajando la cabeza y cerrando los ojos con una satisfacción… Y cuando crees que esto es lo más de lo más, te dices: ¿Y bostezar? Pues también tiene lo suyo, hombre, que si te empeñas, abriendo y cerrando la boca despacito como un pececillo, lo puedes provocar.

Además, este placer, curiosamente, lo puedes compartir ya que tiene un efecto dominó porque, como alguien te vea, al poco rato, si te fijas, abrirá las mandíbulas como nunca te pudieras imaginar que existen bocas tan grandes, tan inmensas.

Pero el bostezo, si lo que buscas es la felicidad total, lo puedes acompañar desperezándote, estirando los brazos hasta que te llegan a la estación espacial MIR y doblando el cuerpo como un arco. ¿Estornudar, bostezar? Y como no atisbo solución alguna, estas disquisiciones tan trascendentales me recuerdan (aunque no tienen nada que ver con el bostezo y el estornudo) a una que decía mi amigo Gumersindo Villar, otro filósofo de la estupidez, con el que me identificaba plenamente, claro. Pero él, sin embargo, llegaba a conclusiones más o menos acertadas.

Así, un día que me encontró un poco apagado, como tristón, tras charlar un rato para animarme me dijo a modo de conclusión argumental mientras me agarraba por el hombro: «Mira Guisande, el vacío existencial es terrible; pero el estomacal, el estomacal no ha quien lo aguante». Dios, que hambre me entró y que razón tiña.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:26 am

Al español lo que más le gusta es...

Yo si vuelvo a nacer me hago español y si soy de otro país y creyente, pero mucho, pediría a Dios que me abriera los ojos para nacionalizarme. Vamos, nazco en el kurdistan o en la provincia china de Sichuan y no me quitan a mí de la incubadora sin pasaporte español ni de coña.

Y es que España es mucho; pero mucho mucho. Qué es de las cosas que más gusta a los españoles, qué es lo que le enamora, qué le puede llevar al éxtasis, a la plena satisfacción… los dramas. Nosotros los dramas, los bordamos.

Tú te encuentras a un amigo y entre elegir hablarte de quien nació o quien murió, se decanta por quien murió, aunque no lo conozcas, y si no lo conoces te dará miles de datos y fechas para que lo recuerdes, y si a los 5 minutos no caes… el español es capaz de estar 20 o 30 minutos más de cháchara para que sepas quién era, y si aún así tampoco, ahora, con las nuevas tecnologías, sacará de móvil y mirará carpetas y carpetas hasta que encuentre una foto del fiambre ¿Y por qué esa persistencia? ¿por qué esa tenacidad?, ¿por qué esa obstinación si a quien realmente conoces es al que tuvo quintillizos? ¿qué busca el español?: El drama.

Pero el español, el auténtico español, al drama le da un punto especial. No es un drama cualquiera, una desgracia sin más, un disgusto, una tragedia… ¡¡¡que va…!!!! El español, cuando te cuenta que menganito tuvo un accidente en el que perdió una pierna, que luego tuvo gangrena en la otra y se la amputaron, igual que un brazo y que una oreja… entonces, hace una especie de silencio, pone voz grave, te mira y dice: «Y eso no es lo peor… ». ¡¡¡¡Cómo que eso no es lo peor…!!!!! ¿que eso no fue lo peor?, Joé, ¿qué no es lo peor salir de casa, meterte tan normal en un utilitario y terminar en un hospital con una quinta parte de los que eras? ¿es que hay algo peor?, ¿pero de verdad puede haber algo peor…?

Pues para el español… lo hay; porque el español es capaz de ir al Archivo General del Reino, a la Santa Sede o hacer las gestiones que sean necesarias para buscarle a toda esta carnicería un punto más dramático, y en cuanto lo encuentre te dirá: «Y pensar que se quedó sin piernas justo el día que su tatarabuelo ganó una medalla de oro siendo atleta…», que ya me dirás tú, que a lo mejor incluso el cuasifiambre ni sabía que su tatarabuelo había sido campeón de cien metros lisos en Valladolid o en Tetuán, pero…

Y tú, que por mucho que insiste al tío ese no lo conoces, que ni aunque se presentara ante ti con el gotero y con todo su cuerpo enterito no sabrías quien era… al final le vas a dar la razón al que te paró: que eso no es lo peor, que lo peor no es precisamente el que está medio cuarteado en la UCI y su tatarabuelo, sino que lo peor es eso o ese, el plasta que tienes por amigo, eso sí que es lo peor.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:30 am

Cosas que me indignan

A mí hay pocas cosas que me indignen, pero algunas sí y mucho; y a otros, lo que a mí mosquea… ni caso, la verdad que no entiendo nada. Vas por una calle, y a la altura del número 22, por ejemplo, lees: «Se vende bajo. Razón, aquí». Vamos a ver: ¿Cuántos números hay en la calle, 124?; y pongamos que hay cuatro plantas por número, pues 496, y que en cada planta hay 4 pisos, pues 1.984; y que en cada piso vivan 4 personas, pues justo justo 7.936.

Vale, 7.936 personas, ni una más, ni una menos; y me vas a decir a mí, me vas a decir a mí que de las 7.936 que viven en la calle, tú, el del 22, eres el único que tiene «la Razón»…; pero tú crees que los demás somos bobos o qué, de qué vas… O sea, que si yo vivo en el 29, ¿qué pongo de letrero?, «Lelo», y añado «para saber algo vaya al 22, que es el que tiene la Razón». Y además, si tienes la Razón, ¿cómo es que llevas más de un año sin vender el bajo ese?, ¡¡eh!!, ¡¡¡listo más que listo de los cojones!!!. ¡¡¡¡un año, un año !!!! Y pones el letrero, así, a lo chulo…

Yo cuando veo eso me da ganas de despertar las conciencias de las gentes, de hacerles ver que es indignante que haya individuos tan presuntuosos, llamar a todos los de los números impares (porque el de «Razón, aquí» vive en los pares y no vaya a ser que todos los pares sean sus amigos) reunirnos de noche y cuando menos se lo espere ir allí, rodearlo y decirle: «A ver, tú, listo, el de la Razón, baja si tienes lo que hay que tener; baja, anda, baja, so listillo».

Y como no responda, todos a coro, pero cuando digo todos te hablo de casi 4.000 tíos ¡¡eh!!, «¡¡¡oé oéoéoé, no tienes bemoles!!!, ¡¡¡oé, oéoéoé, no tienes bemoles!!!» o, cuando ya no estén los niños, «¡¡¡El de la Razón, se va al paredón!!!, ¡¡¡el de la Razón, se va al paredón!!!». Y así noche tras noche, hasta que un día ponga (porque esto ya ha pasado en otros países más adelantados), lo que todos deseamos: «Cerrado por defunción»; bueno, por defunción y sobre todo por chulo, claro.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

Mensaje por paula el Mar 11 Jun 2013, 12:31 am

Un nuevo timo

Ya comenté en el artículo anterior que hay tipos que hacen cosas que me indignan; y es que lo hacen de una forma tan sibilina estos listillos que deben de creer que somos como tontos, esperando a que alguno caiga y, al final, pues alguno cae; por eso aviso de este nuevo timo que se está haciendo desde hace ya mucho tiempo y que son muchos los afectados y, no me duelen prendas, lo he descubierto yo solito, yo solito.

Coges un periódico, yo aquí siempre La Voz, vas a los anuncios por palabras y lees: «Alquilo. Amplias vistas, soleado». Yo fue leer esto y me dije: «En vez de “soleado” será “soldado”, que lo alquilan solo para militares»; luego pensé, «no, seguro que quiere decir “adosado”», se lleva tanto estar pegado a alguien para terminar a bofetadas…

Y por eso de meditar y porque en el bar había un partido de fútbol y estaba convencido de que el café me lo traerían en la segunda parte o en la prórroga, cavilé: «A que se han confundido mis colegas de La Voz, los de publicidad…», pero inmediatamente me dije: «imposible, que son unos águilas, que a veces llamaban a Redacción para decirnos que un titular estaba mal, y no era su obligación».

Y así estaba y me decía: «Es que no puede ser, no puede ser porque no puede ser, cómo va ser… ¿cómo van alquilar un piso soleado en Galicia, que hoy es 19 de mayo y llueve a mares?, ¿soleado, soleado un piso en Galicia?, están de coña

Y claro, yo no porque soy muy espabilado, pero seguro que aquí en La Coruña y en toda Galicia hay muchos incautos que cuando leen eso, hartos de tanta lluvia y nubes, van a esa dirección que figura en el periódico y ya me imagino la historia.

El dueño que dice que es raro que hoy no esté soleado, que tiene más de 100 personas a la espera para alquilarlo, que «es su oportunidad», que «si no firma hoy…», «que sí, que es un poco caro pero que al ser “soleado…”», y seguro que alguno firma un contrato por 100 o 1.430 años pensando que ha encontrado un chollo, aunque no comprenda que podía negociar, ya que por muchas amplias vistas que tenga… ahora él con 40 años, vale, pero cuando cumpla 128… qué va a ver, qué va a ver, hombre…, vas a disfrutar tú de las amplias vistas con 128 años… secas, pero secas y pegadas como cemento tienes tú a los ojos ya las cataratas… bo, hay gente que…

Y así, el tío, el que alquila, se forra, y el pobre pardillo llamando por teléfono al dueño todos los días. Que de soleado nada, que lo ha timado, que quiere rescindir el contrato, que; y el otro, que es un randa, que espere unos días, que es raro que no este soleado y que eso nunca ocurrió, para al final decirle que no leyó la letra pequeña, que en el párrafo 128 del anexo 345, del folleto 339, donde esta el subíndice que pone «soleado» también dice… mira, yo aviso, después… pues hay prórroga, no me ponen el café ni de coña.

PD._ Este artículo se lo dedico a mis amigos de publi de La Voz de Galicia, de los que siempre me acuerdo.

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Re: Relatos humorísticos de Manuel Guisande

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