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La muerte a veces lleva una guadaña y a veces lleva un maletín

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Mensaje por satanas666 Miér 12 Ago 2020, 7:55 am

“No esperes curarte si pones la venda en la otra mano de quien te causó la herida”.



“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”, dijo Mario Benedetti, haciendo gala de ese sentido práctico que sólo tienen los poetas. Esas palabras son una gran explicación del desconcierto en el que chapoteamos ahora mismo, cuando la ferocidad del coronavirus nos ha recordado lo que somos: en resumen, poca cosa de uno en uno, muy fuertes si aunamos fuerzas y luchamos contra lo que importa. El problema está ahí, en saber qué es lo que importa de verdad en este mundo entregado a la dictadura del dinero, al sectarismo de la economía. En el terreno de arenas movedizas en que ahora mismo nos movemos, si pensamos que hay que cuidar antes que nada la salud, defenderemos contra viento y marea la sanidad pública; y si pensamos que el negocio es lo primero, romperemos una lanza por la privada y no nos escandalizará tanto lo que ha ocurrido en las residencias geriátricas de España, centros donde importan menos los termómetros que las calculadoras, menos la tasa de mortalidad que la cuenta de resultados. Lo que digo es duro, pero no tanto como lo que ha ocurrido. Cuando las puertas giratorias llegaron a los hospitales, la muerte empezó a dar vueltas a nuestro alrededor. La muerte a veces lleva una guadaña y a veces lleva un maletín.
Lo de trabajar unidos se le da mal a nuestra clase política, rematadamente mal, y muchas personas miramos con envidia lo que ha ocurrido en otros países, donde formaciones distintas han sido capaces de aparcar sus lógicas diferencias para plantarle cara a la pandemia. Aquí, más que plantar cara se ataca por la espalda y el único objetivo de la oposición ha sido y es derribar al Gobierno, cosa razonable en otras circunstancias, pero no en estas. La estrategia de la derecha ha sido la algarabía y la negación, una para ver qué pescan en el río revuelto y otra por no asumir ni un milímetro de la responsabilidad que tienen allí donde ostentan el poder, lo que ha provocado que tampoco corrija sus errores, porque para eso antes tenía que haberlos admitido.


El líder del PP, Pablo Casado, puso en su día a la presidenta de la de Madrid como ejemplo de lo que deseaba para todo el país y no se le ha oído desdecirse, un arte para el que tiene evidentes dotes. Pero el caso es que no sólo los resultados de la ola de privatizaciones en la capital y en toda la región han sido desastrosos, sino que sus dirigentes siguen apostando por la misma carta y en lugar de aumentar las plantillas de los ambulatorios, contratan rastreadores privados para detectar contagios y lo hacen a toda prisa y en el último momento, dos cosas contradictorias que cuando se producen de forma paralela dan lugar al desastre. La secuencia del disparate es que, de un día para otro, la Comunidad de Madrid pasó de no tener dinero para esos rastreadores y a pedir voluntarios para desempeñar esa tarea a contratar a veintidós de ellos por 194.000 € y durante tres meses, es decir, un coste de 8.818 por cada uno, 2.931 al mes. ¿Alguien duda que esa cantidad no será, ni mucho menos, la que cobren los trabajadores? Parece mentira que con lo que está ocurriendo aún haya quien trate de sacar beneficio del drama y aproveche el derrumbe del turismo veraniego para hacer el agosto, pero da la impresión de que así es. Se juegan mucho, desde luego, ya sabemos lo rentable que fue para algunos el hospital transitorio que se montó en Ifema y cómo algunas empresas siguieron cobrando después de que se cerrase porque así rezaba en los contratos que se firmaron. Y lo peor de que haya tantos intereses mires donde mires es que no podemos fiarnos de nada: ¿la vacuna que acaba de registrar Rusia es sospechosa porque ofrece dudas o porque no ofrece réditos a determinadas industrias farmacéuticas? ¿No hay que fiarse porque lo han hecho los científicos de Putin o porque conviene esperar a que llegue el fármaco norteamericano o alemán?
“Sólo se tiran piedras contra el árbol que da frutos”, dice un proverbio indio, y el primer Gobierno de coalición de España los ha dado, al menos, a nivel social, con medidas que por ahora han evitado el colapso, como la aprobación del ingreso mínimo, que por otra parte ya existía en la práctica totalidad de las naciones de Europa. En el otro ámbito, el médico, se habrán tenido aciertos y fallos, qué duda cabe en una situación como esta y con las cifras de víctimas que conocemos, y habrá que desear cada cual asuma su responsabilidad, empezando por los Gobiernos autonómicos que tenían y tienen la competencia en ese ámbito, y evaluar lo hecho o no hecho, entre otras cosas, para no repetir en el futuro los mismos errores. No es mala iniciativa que un grupo de especialistas hayan pedido que se analice lo hecho y se tome nota de cara a los retos que depare el porvenir. Ni siquiera parece descabellado ni indeseable, a nivel teórico, que en Madrid se construya un sanatorio con ese fin, otra cosa es saber si estaría en manos de la Seguridad Social o no y si se puede esperar algo decente de los mismos que, según la Audiencia Nacional, robaron 1,88 millones de euros a siete hospitales de Madrid y desviaron otros 1,19 de centros de salud para pagar sus campañas; o de los sucesores de quienes cerraron tres mil camas y despidieron a otros tantos profesionales. Esa gente no tiene historia sino historial. Y cómo vamos a curarnos si ponemos la venda en la otra mano de quien te causó la herida.

AUTOR: 
Benjamín Prado
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